jueves, 13 de octubre de 2011

A vuestra salud Buscadores.

Nuestro amigo Julian Carrasco, me envía esta hermosa reflexión publicada en el blog "La página de la Vida".

Las personas que se introducen en la búsqueda interior rápidamente comprueban que la información que necesitan les llega de las formas y lugares más insospechados. Claro, que lo primero que se aprende es que nada es casual y en cuanto se ha predispuesto la mente para recibir el conocimiento, el universo pone en marcha los mecanismos para que esas “casualidades” –que siempre han estado ahí, pero éramos incapaces de ver- se pongan en nuestro camino de una forma evidente. El que está preparado para escuchar, oye.
 
Esto es una fase eufórica, como un niño con gafas mágicas que le permiten ver un nuevo mundo fantástico lleno de posibilidades. Cuando uno está eufórico desea compartirlo con la gente que tiene a su alrededor, y aquí es donde se encuentra con una desilusión que debe aceptar; no todo el mundo tiene mis gafas y no me entienden. El camino del buscador es un camino en solitario; nacemos solos, vivimos solos y morimos solos.
 
Con esto no deseo desanimar a nadie, pues creo que elegir este camino es lo más hermoso y emocionante que un ser humano puede hacer, y a fin de cuentas creo que es lo que debe hacer. Y por supuesto, siempre habrán compañeros de viaje con los que experimentar y maestros que nos iluminarán con sus enseñanzas, pero no debemos apegarnos a ellos. Déjalos que depositen en tu página de la vida en blanco la pieza de puzzle que necesitas en ese momento y que sigan su camino. Se dice que el alumno no encuentra al maestro, sino que el maestro llega cuando el alumno está preparado.
 
El buscador muchas veces entra en fases de sobredosis de información, que no puede asimilar, leyendo montones de libros, asistiendo a seminarios y talleres, consultando a diestro y siniestro, etc. Llega el momento en que no puede discernir entre la paja y las piezas del puzzle que le faltan, ha echado tantas semillas en un campo estéril y árido que no germina nada. No hace falta buscar al sembrador de conocimiento, sino preparar la tierra con esmero para recibir las semillas. Mi campo debe estar limpio de las malas hierbas de miedos, culpas, apegos y deseos. Bien abonado de voluntad, confianza y apertura mental, y, finalmente regado con abundante Amor puro y cristalino. La calidad de la información depende de la calidad del receptor, el buen vino siempre pide una buena copa. ¡A tu salud buscador!

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